Luis Enrique es el entrenador de la temporada. Ha superado con creces el impacto de Flick y su revolución en el Barcelona. El alemán ha sido el más influyente en la forma de jugar de un equipo. Pero lo de Luis Enrique es inapelable en número de títulos, también en una transformación que venía de lejos y, sobre todo, en la manera de traducir el potencial del PSG: la final de la Champions fue una paliza que se ha visto pocas veces a ese nivel. Quizá el Milan se acerque en alguna de sus finales o el Madrid, en aquella segunda parte frente a la Juve, en Cardiff, en 2017. Lo que se vio el sábado fue una actuación coral de un equipo que brilló a una altura inusitada. Luis Enrique es el arquitecto y aún puede redondear su obra en el Mundial de Clubes. El PSG se ha convertido en el gran favorito y en el rival a batir. Y no tiene pinta de que el equipo se le vaya a ir de las manos después de este periodo de euforia.

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