La ciencia de contar historias (Capitán Swing), de Will Storr, es un libro interesante y revelador. En él se desmenuza uno de los aspectos más sexys del poder: la narración. En las primeras comunidades humanas, la información era vital y servía para ordenar jerarquías. En el caso de que se pusiese a circular un rumor que afectase a alguien que había antepuesto los intereses del grupo a los suyos, “una ola de buenos sentimientos inundaba a los receptores de la narración”. Sin embargo, si ese rumor señalaba a alguien ruin y egoísta, predominaba una emoción que obligaba al grupo a castigar al protagonista. De este modo, la narración, la historia, el talento para ejecutarla, era la justicia en aquellas primeras poblaciones.

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