Durante años, la Champions League ha sido un territorio ocupado por dos potencias: Real Madrid y Manchester City. En las últimas cuatro ediciones no ha habido una final sin al menos uno de ellos, y desde 2020 nadie más ha levantado el trofeo. Desde 2014, solo clubes españoles o ingleses han sido campeones. La única excepción fue el Bayern Múnich en plena pandemia. Esta repetición constante resta emoción a una competición que debería ser impredecible, plural y abierta.

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