El Paris Saint-Germain (PSG), a un partido de alcanzar la mayor empresa deportiva desde su fundación el 12 de agosto de 1970, ha logrado en un tiempo récord construir casi todo lo que el manual de instrucciones de un gran club requería: una apasionada afición, un equipo cohesionado, rivalidades viejas (Olympique de Marsella) y de nuevo cuño (Barça), un entrenador con el que identificarse (Luis Enrique), una estética y, en breve, también un gran estadio nuevo en propiedad (el Parque de los Príncipes es del Ayuntamiento). Lo único que no podía edificar, por más trabajo o dinero que invirtiese, era su historia, la baza que utilizará este sábado el Inter de Milán para contrarrestar el desequilibrio deportivo. Quién sabe si por eso, curiosamente, el PSG tiene en nómina a un historiador que conoce al detalle cada recoveco de su recorrido en los últimos 55 años.

