Luka Modric fue un empeño de Mourinho que el antimourinhismo, casi tan envidiable como el antimadridismo, se empeñó en ridiculizar con muy poca prudencia. Pero ni siquiera estaban siendo originales. Ya cuando llegó al Tottenham se enfrentó a la sospecha, cuando no burla, de los aficionados; también fue víctima de la desconfianza de sus propios compañeros. ¿De verdad aquel tipo bajito, escuálido, que parecía un chico de los recados, iba a encargarse del juego del equipo? Los primeros partidos alimentaron el debate. La prensa puso el foco en su físico: la Premier exigía fuerza y músculo. Pero la Premier lo que exigía era lo que exige siempre el fútbol: un tipo que sepa qué hacer con el balón. “Modric hace que todo funcione sin que se note demasiado”, resumió Mourinho años después.

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