De repente, aparecen ante el mundo. Y todo lo vivido hasta ese momento cobra sentido. Cuando un deportista alcanza la élite culmina un proceso largo, exigente y silencioso. Un camino en el que no suele haber focos ni multitudes, en el que la familia y los entrenadores juegan un papel fundamental. Tantas horas de entrenamiento, tantos viajes, tantos días buenos, tantos días malos. Todas esas experiencias van incorporándose a una mochila imaginaria que acompañará de por vida al deportista. Algunos trayectos finalizan ahí, en el instante previo al deporte profesional. Otros se incorporan a la competición y desarrollan una carrera con más o menos éxitos. Algunos, muy pocos, llegan a una velocidad superior. Parecen destinados a hacer historia. Será entonces cuando empiecen a existir de manera oficial para el gran público. Y nadie más que ellos mismos y su entorno más cercano serán conscientes de todo lo vivido y trabajado hasta alcanzar la jugada decisiva que desemboca en la gloria.

