Francia tiene muy a gala ser el país de la ‘Grandeur‘. Con ella han corrido en ocasiones tupidos velos sobre asuntos incómodos -«Francia necesita héroes, no verdades», se dice que dijo el general De Gaulle a alguien que le expresó dudas sobre la versión oficial de un aspecto de la II Guerra Mundial- pero no es de eso de lo que toca ocuparse ahora. Hablemos más bien que Francia dio nombre al sentimiento de nacionalismo y patrioterismo exagerado, en buena parte más motivado por la soberbia que por el orgullo: el Chauvinismo. Sin embargo suele tenerse sobre él una idea equivocada. Porque en su verdadero concepto el chauvismo no tiene por qué ser xenófobo, patriotero ni excluyente, sino todo lo contrario. Y lo hemos visto hoy con Rafael Nadal.

