Iago Aspas nunca falla. Siempre que el Celta lo ha necesitado, ha aparecido. Lo hizo cuando el equipo tuvo que lidiar con el descenso en varias ocasiones en el pasado. Y lo hizo esta vez cuando se jugaba volver a Europa ocho años después. Incluso en una temporada en la que perdió protagonismo por el empuje de una generación nueva a la que Giráldez ha dado mucha bola.

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