Se esperaba mucho del ‘sterrato’ y no defraudó. La novena etapa del Giro de Italia será recordada como una danza entre el polvo y la épica. Desde Gubbio hasta Siena, 181 kilómetros dibujaron una jornada de otra época, con cinco tramos de sterrato que pusieron a prueba no solo las piernas, sino también el alma de los corredores. Toscana, con sus colinas ocres y caminos de tierra blanca, ofreció un decorado perfecto para una batalla sin cuartel que recordó a la Strade Bianche más gloriosa. El UAE de Matxin, junto al vencedor Van Aert, fue el gran triunfador.

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