El resultado es engañoso. Fernando Alonso terminó en 11ª plaza el Gran Premio de la Emilia Romagna, en la locura de Ímola. Porque el español nos recordó unas sensaciones que parecían olvidadas. Las de lanzarse en la salida a los mejores, las de pelear con un coche inferior al del resto y amarrar una buena posición final tras un inicio de campeonato que solo igualaban sus etapas en Minardi… o las del drama total de McLaren-Honda.

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