No hace falta ser un lince para concluir, acertadamente o no, que el Real Madrid ha comenzado la temporada del mismo modo que terminó la anterior: jugando con las ilusiones de sus rivales. Los más viejos del lugar dirían aquello de que no se toca lo que funciona y debe ser por eso que, en los primeros partidos oficiales del presente curso, los blancos se han mostrado proclives a repetir ese embuste pasajero que los hace parecer frágiles hasta que ya es demasiado tarde para ponerse a rezar. Lo comprobaron los alemanes del Eintracht en Helsinki, al amparo de un buen arranque y una mala interpretación de la histórica neutralidad finlandesa. Y lo sufrieron los aficionados del Almería —o de cualquier otro equipo que encuentre consuelo en los tropiezos del Madrid— tras el apurado debut liguero. “Hasta el final”, debería advertir la canción, “nada es real”.

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