Lo llaman La milla verde y es uno de los finales más complicados en el golf mundial. Se trata del diabólico tramo que componen los tres últimos hoyos del campo de Quail Hollow, en Charlotte, sede de este Campeonato de la PGA, el segundo grande de la temporada. El 16 es un par cuatro de 483 metros protegido por el agua; el 17 es un par tres de 203 coronado con un green en península; el 18 lo forman 451 metros escoltados por una ría a la izquierda que actúa como un imán. Los tres hoyos registran históricamente medias superiores al par y la PGA americana vistió la retransmisión televisiva de la primera jornada con sus terroríficos registros: cientos de bolas hundidas en las profundidades, decenas de dobles bogeys, triples y peor, y un número de golpes sobre el par muy por encima del resto de los 15 restantes hoyos juntos. Un potro de tortura.

