El Valencia trituró al Getafe en poco más de media hora. Una primera parte de un fútbol desbocado ante un rival desnudo que apenas conseguía defenderse. Cada ataque blanquinegro era el mordisco de un pitbull. Y así, desatado, el equipo de Carlos Corberán, nueve semanas ya sin caer a la lona, fue sumando goles y ocasiones a un ritmo frenético. El Valencia, un grupo tan feliz como eficaz, corre, melena al viento, hacia Europa. Su inercia es imparable. El cuadro azulón, en cambio, sigue atrancado y sale de Mestalla con su quinta derrota seguida.

