“Si después de la ida estaba muy caliente, imagínese cómo estaba ayer después de la vuelta”, comentaba un miembro de la expedición del Barcelona en Milán, donde los azulgrana cayeron eliminados en las semifinales de la Champions. Hablaba sobre la furia de Lamine Yamal. Un chaval de 17 años que se autoimpuso llevar el peso del fútbol azulgrana. Paradójicamente, no le pesó. Al contrario.

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