En la vida hay maneras de ganar, maneras de perder y, en general, maneras de vivir, que diría Rosendo. Es un abanico extenso de posibilidades en el que, incluso ampliando los márgenes generales hasta el punto máximo de ridículo, no encuentran cabida las mostradas por el Real Madrid en las horas previas a la disputa de la final de la Copa del Rey, como si en lugar de prepararse para un duelo vibrante en las cumbres del deporte mundial hubiese preferido ensayar una obrita de teatro escrita al gusto de quienes entienden el fútbol como una continuación de sus demonios personales: todo el mundo está contra el Madrid, dicen, mientras se pasan el día tirándole piedras al mundo.

