Una motocicleta maniobró de mala manera a la salida de una rotonda y descolocó una bala de alpaca cubierta por un plástico amarillo y blanco, un obstáculo no previsto en la carretera camino de Arenberg y a pocos kilómetros del trazado de pavés. Aunque en escasos minutos pasaría por ahí el pelotón del Tour de Francia, nadie la recolocó, ni espectadores ni el gendarme que controlaba esa zona; un despiste que resultó fatal para Primoz Roglic, que no pudo evitar la bala ni a un compañero del pelotón del Bahrain que le pasó por encima. El resultado fue la dislocación del hombro y problemas en la columna vertebral, dolores en la espalda que con el paso de los días se le hizo insoportable, hasta el punto de que tuvo que abandonar el Tour de Francia unos días después. El trabajo, sin embargo, lo había hecho, pues fue la pimienta de la carrera, el corredor que descompuso a Pogacar en las ascensiones al Granon para que ganara su compañero Vingegaard. Y, por más que fuera duda su participación en La Vuelta, el esloveno ha trabajado de lo lindo para poder estar en la salida en Utrecht -habrá tres etapas en Holanda antes de saltar al País Vasco-, para defender su reino porque ha conquistado las tres últimas ediciones y quiere alcanzar el récord del bejarano Roberto Heras, que logró una más aunque de forma discontinua.

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