El ciclista del Groupama Jacopo Guarnieri (Vizzolo Predabissi, Milán, 1987), el último hombre del sprinter Arnaud Démare, añadió hace años una bandera arcoíris a su perfil de Twitter. Para él entonces no era más que un signo de paz. Cuando le explicaron el valor del símbolo para la comunidad LGBTQ+, no solo la mantuvo sino que se añadió la lucha contra la homofobia y la transfobia en parte de su discurso público, también centrado en la denuncia del racismo, la defensa de los derechos de los inmigrantes, de los derechos de todos los amenazados por el ascenso de la ultraderecha en el mundo. Su último gesto fue lucir en alto un brazalete con los colores azul, rosa y blanco, la bandera de las personas transexuales en la presentación de los equipos del Giro del Italia en la plaza de los Héroes de Budapest, la capital de un país, Hungría, en el que una ley limita gravemente los derechos de la comunidad LGBTQ+ y prohíbe hacer “propaganda” de sus derechos. “Fue una especie de mensaje silencioso”, dice en una entrevista a EL PAÍS en el terreno más seguro de Sicilia. “Pero no tan silencioso, en el fondo”.

