Después de unos minutos de incertidumbre, Iñigo Martínez agitó los brazos: animaba a sus compañeros. Parecía que el Barcelona acabara de encajar un gol frente al Borussia. Pero no. Raphinha le había birlado el gol a Cubarsí después de tocar el balón sobre la línea, pero no el grito. El joven defensa lo cantó como propio, también el brasileño, que llevó la temeridad de su acción al VAR. “Estaba preocupado en la jugada del primer gol. Le pedí disculpas a Cubarsí. Me dijo que no pasaba nada, que le contaba como asistencia”, contó el brasileño.

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