Max Verstappen se sacó de quién sabe dónde un sábado excepcional que le permitió tomarse el domingo de forma convencional. Convencional, para él. No hubo nadie en todo el paddock instalado en el circuito de Suzuka que lograra explicar de forma racional la vuelta que devolvió al holandés a la pole position, diez meses después de la última vez, en una cronometrada que parecía pintada del color papaya que decora a los McLaren. Fernando Alonso fue, probablemente, el más ilustrativo en sus palabras: “En estos momentos es el único capaz de hacer eso, y de llevar el coche a un nivel al que no está”, le definió el asturiano, alguien que precisamente no ha pasado a la historia por prodigarse demasiado en piropos hacia sus rivales.

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