De Andrea Kimi Antonelli se sabe que el chico es un prodigio al volante y que Mercedes, especialmente Toto Wolff, el director de la escudería de la estrella, quiere hacer de él el nuevo Max Verstappen. Casi nada. Desde este domingo, en Melbourne, también se sabe que el chaval, de solo 18 años, sabe cómo sobreponerse a un bofetón como el que se llevó el sábado, en el que no pudo pasar de la primera eliminatoria de la cronometrada (Q1), cosa que le mandó a las catacumbas de la parrilla con vistas a la carrera. Una muy mala noticia y aún peor que eso si tenemos en cuenta que fue el único de los cuatro novatos que no pasó ese primer corte, a pesar de conducir el coche más competitivo de todos ellos. Sin embargo, al día siguiente, en una jornada atormentada, y nunca mejor dicho, la nueva esperanza italiana encontró una rendija por la que meter el morro, un agujerito que le llevó a culebrear por entre el pelotón y a sortear todos los muros que abrazan el circuito de Albert Park, ese que la lluvia convirtió en un campo de minas, para remontar hasta la cuarta posición final, justo por detrás de George Russell, su compañero en el equipo, que formó el cuarto en la parrilla, 12 coches por delante de él. El resto de debutantes (Bortoleto, Doohan y Hadjar) terminaron estampados en la pared.

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