No parece saciado el Madrid, campeón de España y de Europa y desde ya también súper campeón continental. A dos títulos de los cien, el Real se sacudió con firmeza y apenas sobresaltos al Eintracht, reducido a la nada desde el 1-0 de Alaba, cuando el equipo de Ancelotti, plomizo al comienzo, subió el volumen. Lo de siempre, primero el flotador de Courtois y luego la chistera de Vinicius y el mazo de Benzema. Ganar, ganar y ganar. Ni pío dijo la revoltosa y señalada afición de Fráncfort, consumida ante la superioridad madridista. No pierde una final ante un rival extranjero desde 2000. Doce brindis consecutivos. La rutina de ganar.

