El trascendental papel que jugaron los aficionados ingleses en el aborto de la creación de la Superliga ha impulsado su peso como guardianes de las tradiciones del fútbol. La última derivada de aquellas multitudinarias protestas callejeras contra el rupturista proyecto de 12 de los clubes más poderosos de Europa ha sido la introducción de una nueva normativa por parte de la Federación inglesa (FA, en sus siglas en inglés) que impide a los clubes de todas sus competiciones modificar las dos señas más identitarias para sus seguidores sin contar con el visto bueno de estos. El pasado 5 de agosto la FA emitió una circular en la que comunicaba que entraba en vigor una norma por la cual no se podrán variar ni el escudo ni los colores de la primera equipación sin el consentimiento mayoritario de los aficionados.

