Hay dos premisas a las que se aferra Hansi Flick para dirigir a sus jugadores. La primera es cuidar el físico de sus futbolistas, lo cual logra con la exigencia en los entrenamientos y también al gestionar su regreso tras una lesión. La segunda, intervenir cuando los partidos del Barcelona se complican. Y no le importa el cambio de estrategia lo tiene que hacer en el entretiempo. Así sucedió ante Las Palmas, donde las dos premisas de Flick convergieron en un solo nombre: Dani Olmo. Y fue precisamente el 20 azulgrana la clave de un partido que amenazaba con amargar al Barcelona en Gran Canaria.

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