La isla de Hudairiyat ya era la isla de la desmesura en el corazón del desmesurado emirato de Abu Dabi antes de que el gigante galés Joshua Tarling, replegado como un huevo su longilíneo cuerpo de casi dos metros —muy adelantado sobre la bici, ángulo perfecto de brazos en diagonal y cabeza en el centro para cortar el viento, espalda curva, cierre curvo para disipar turbulencias, largas piernas y largos brazos, rodillas rozando los codos en cada pedalada— desplegara sobre su Pinarello aérea tal despliegue de vatios como para dejar a Tadej Pogacar alelado en su Colnago.

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