Hay un nuevo sheriff en el baloncesto español. Unicaja se llevó con todo merecimiento la Copa, de la misma contundente manera que en septiembre hizo hueco en su vitrina para guardar la Supercopa. Romper la bicefalia habitual sumando aspirantes siempre es una buena noticia, como lo fue en su momento la consolidación del proyecto baskonista, ahora en horas muy bajas. Además, ha quedado demostrado que el crecimiento malagueño no es una cuestión puntual, de conjunción astral, sino el resultado de tener claro el qué y el cómo. El famoso slogan “Ibon tiene un plan” se está quedando corto, pues las virtudes que se observan en la cancha son extensibles a otras decisiones que surgen de los despachos donde se cuecen decisiones de presente y sobre todo de futuro. Hoy en día, Unicaja cuenta con una gran plantilla, un entrenador sensato, una idea de juego, hambre de gloria indisimulada, conocimiento de dónde están sus límites (Euroliga no, gracias) y una afición rendida a su empeño. La cuadratura del círculo.

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