Acaba de cerrar Rafael Nadal el duelo con el gigantón John Isner (2,08), pero el triunfo (6-3 y 6-1, en 1h 16) le sabe a poco. En dirección a la red para el apretón de manos con su rival, el balear dirige la mirada a su banquillo y la instrucción a Francis Roig, el técnico que le acompaña estos días en el Foro Itálico, es clara: “Pide pista. Pista…”. No quiere perder el balear un solo segundo, consciente de que su cuerpo y su juego demandan más rodaje, y de que el escollo en la siguiente estación, el canadiense Denis Shapovalov, exigirá subir otro escalón.

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