El saque de esquina lo lanzó, sorprendentemente, Chapi Ferrer porque ya se había cumplido el tiempo reglamentario, porque de lo contrario irían a la prórroga y había prisa. Kiko intentó una chilena y no le dio, pero el balón le llegó a Luis Enrique, que le pegó con la zurda. Caprichosa, la pelota rebotó en un rival y le cayó, ahora sí, a los pies de Kiko, que controló y la picó ante la salida del portero para alojarla en la red. Fue el culmen, el éxtasis, la última jugada del partido -nada más sacar Polonia de centro el colegiado así lo indicó- y la medalla de oro olímpica, el ocho de agosto de 1992, para una selección española que se tuvo que sobreponer a muchas adversidades. Con todo en contra y solo con el fútbol a favor, España logró lo impensable.

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