Los hermanos Vitali y Yevgueni Abalákov se hicieron adultos con 13 y 14 años, respectivamente. Sucedió la noche en la que los bolcheviques llamaron a la puerta de la casa de su tío, un comerciante y empresario —y, por tanto, enemigo del pueblo— que había adoptado a los dos huérfanos años antes. Era 1920 y la guerra civil hacía su entrada en Siberia. Los hermanos, todavía niños, se instalan en la puerta para impedir que se lleven a su padre adoptivo. El guardia rojo soluciona el entuerto deteniendo a los tres. Su tía está rápida para sobornar con vodka y entremeses a la autoridad. Los hermanos se quedarán en casa. Pero, mientras rezan por su tío —al que condenarán primero a muerte y finalmente amnistiarán tras probar los trabajos forzados— se dan cuenta de que han pasado a una etapa diferente de sus vidas. Y no son capaces de imaginar todo lo que estaba por venir. Porque el futuro les deparará historias tan inverosímiles que solo pudieron ser verdad.

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