El partido después del 2-5 permitió descubrir una versión tan desconocida como igual de excitante del Barça de Flick. Jugaron los azulgrana sin Lewandowski, el punto final del equipo, pichichi con hasta 26 goles, y no pararon de llegar jugadores a la portería del Betis. Una imparable tormenta futbolística organizada alrededor de Dani Olmo, situado como falso 9, y amenizada por los rayos y truenos de Lamine Yamal. El extremo actuó como el solista virtuoso de la mejor orquesta que solo improvisa a partir del solfeo repartido por Flick a partir del conservatorio de La Masía. El juego fue tan absorbente, tan fecundo, tan bello, que nadie miró al marcador de Montjuïc.

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