El Valencia ha reiniciado este viernes las obras del Nou Mestalla tras un parón de 16 años. La mole de hormigón que se levanta en el barrio de Benicalap, en la salida noroeste de la ciudad, ha amanecido menos solitaria de lo habitual. Han vuelto las máquinas y los obreros para retomar un proyecto que en su día aspiró a ser un símbolo de modernidad y fuente de riqueza para un club que prometía jugar la Champions cada año y alinear a fichajes rimbombantes. Hoy, la construcción del nuevo estadio, pasa por ser una vía de salvación para una entidad inmersa en una grave crisis institucional, arruinada y con su equipo de referencia en los puestos de descenso de la Liga.

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