Poco antes de las once de la noche del miércoles, un puñado de aficionados seguía en la grada del estadio Lumen, en el centro de Seattle, agitando banderas y coreando el triunfo de los Sounders. Habían pasado casi dos horas desde que el equipo había doblegado a los Pumas de México en la Liga de Campeones de la Concacaf (LCC). Fue la primera victoria en 22 años de un equipo estadounidense en el torneo de la Confederación del norte y centro de América y el Caribe, dominada desde hace 16 años por equipos mexicanos. Las televisiones habían levantado los platós y trabajadores barrían el confeti del césped sintético. Pero en el ambiente se respiraba la sensación de que el equipo había llegado a un nuevo nivel, a un mercado global.

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