Tendrá 52 años y seguirá marcando goles. Deportivamente su rendimiento seguirá fuera de toda duda. Pero eso es lo de menos. Al menos para un individuo tan narcisista y egocéntrico. Porque si a cualquier futbolista de élite le cuesta asimilar el final de sus días, especialmente delicado debe ser para el portugués digerir, estos días, su ocaso. Y repito, no hablo de goles ni de números. Hablo de lo emocional.

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