”Me quedaría en el Madrid hasta los 80 años”, exclamaba Carlo Ancelotti, de 63, poco después de ganar la pasada Liga, borracho de la mejor felicidad, la imprevista, y eso que todavía le quedaba la Champions en París. Un deseo de eternidad desorbitado por la euforia que —él sabe mejor que nadie— choca con la real politik de un club como el blanco (fue despedido al curso siguiente de la Décima), y también hasta ahora con una circunstancia de su carrera como técnico que aparece casi como la única falla en un expediente único: salvo las ocho temporadas y media en el Milan, sus etapas en los siguientes equipos nunca han superado los dos cursos.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *