En uno de los primeros agujeros negros de la pandemia, el presidente francés, Emmanuel Macron, aprovechó su discurso de fin de año de 2020 para, con el habitual barniz político de las personalidades de su rango, citar a la capitana de la selección de fútbol, Wendie Renard, como un ejemplo a seguir en esos tiempos de zozobra. “Ha vivido una temporada difícil, pero sacó la fuerza del alma para ganar con su club de siempre [el Lyon] su séptima Champions. Un récord. Ella fue capaz de hacernos soñar en este periodo gris”, proclamó el mandatario. Un inesperado elogio que la jugadora correspondió al instante: “Orgullosa de que mis actuaciones sean reconocidas por nuestro presidente. Estoy muy feliz de ser considerada un ejemplo”, agradeció. No era, en realidad, la primera vez que se cruzaban sus nombres: desde 2017 ya se conocía la simpatía ideológica por el dirigente de esta central de 32 años nacida en la isla caribeña de Martinica. En la campaña electoral de entonces, la jugadora se dejó ver y ovacionar en un multitudinario mitin de Macron en Lyon.

