Quienes fueron niños en la década de los sesenta acaso lo recuerden por los cromos que se vendían en los meses previos a los campeonatos del mundo de fútbol. También, claro está, por los partidos internacionales televisados. En una época en que la Furia Roja proporcionaba pocas alegrías, jugadores brasileños, italianos, alemanes y de otros países colmaban la propensión de los niños a buscar ídolos y modelos. En el escaparate de los mitos estaban, entre otros muchos, Pelé, Eusebio, Bobby Charlton, Gianni Rivera, el portero ruso Yashin (apodado la Araña Negra) y uno por el que yo sentía especial predilección: el alemán con el número 9, Uwe Seeler.

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