Los adoquines de los Campos Elíseos llegan de una cantera de Arabia Saudí, misterios no de la geología sino de la organización del comercio mundial, y sobre ellos, después de que el belga Jasper Philipsen levantara los brazos ganador del sprint de París, y no muy lejos del Teatro de los Campos Elíseos del escándalo del estreno de la Consagración de la Primavera, ese fagot, ese Stravinsky, se instala el último podio del Tour, con vistas y perspectiva al Arco del Triunfo, para consagrar más tranquilamente a un pequeño danés, Jonas Vingegaard.

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