Hace dos semanas, a los pocos minutos de terminar el Gran Premio de Austria en la sexta posición, su mejor resultado en la Fórmula 1, Mick Schumacher se enteró mientras atendía a las televisiones de que las votaciones de los aficionados le acababan de nombrar piloto del día, un reconocimiento más simbólico que otra cosa, pero que en el caso del alemán certifica su buen momento. Esa impresión queda validada si tenemos en cuenta que en el circuito de Silverstone, la semana anterior a la prueba en el Red Bull Ring, Schumacher estrenó su casillero de puntos en el Mundial —terminó el octavo—, y dio carpetazo a una dinámica de 31 grandes premios en blanco.

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