Suspiraba Enric Mas la víspera, el jueves por la noche, como uno que, acabadas las montañas, los Pirineos, ha pasado lo peor en un Tour de Francia en el que su actuación, y la de su equipo, el Movistar, estaba siendo decepcionante dadas las expectativas con las que llegaba. Las principales preocupaciones del mallorquín, undécimo en la general a falta de tres etapas, incluida una contrarreloj de 40 kilómetros, alejado de su objetivo de podio o de top 5, eran, a corto plazo, el calor y la pesadez de la etapa del viernes, la travesía llana del Midi hacia Cahors a tutta en un paisaje de escasa vegetación, flores silvestres del campo y hierbas medicinales salvajes, una nueva paliza, y, a medio plazo, la recuperación psicológica, la superación del bloqueo mental y fisiológico a la que le condenan el estrés generado por el miedo en los descensos. Su participación en la Vuelta, como líder del equipo junto a Alejandro Valverde, depende de ello.

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