Se anunciaba una final a fuego, sin opciones para los oportunistas que aprovechan los grupos compactos en la recta de meta para sorprender a los favoritos. En ese tipo de carreras, las de apretar y apretar de principio a fin, tan dolorosas pero tan bellas para el espectador, estaba el español Mohamed Katir bien colocado entre los favoritos a medalla. Y las expectativas, tan traicioneras, se cumplieron por una vez casi al dedillo. La carrera salió lanzada —2m 34s al paso por el 1.000 metros—, y Katir, que llegó siendo un chaval a España, a un pueblo de Murcia llamado Mula sin pista de atletismo, consiguió para España la segunda medalla de bronce (3m 29s 90), la primera en el 1.500 metros de un Mundial desde la lograda por Reyes Estévez en Sevilla 1999. Justo detrás, Mario García Romo, que pulverizó su marca personal (3m 30s 20, cinco segundos menos que la anterior), dejó claro que el futuro del medio fondo español no dependerá solo cuestión de las genialidades de Katir.

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