21. Que el ciclismo es solo la excusa para alumbrar la magna epopeya del Tour es consabido a estas alturas. Que las veintiuna curvas de herradura del Alpe d’Huez son la cima de ese perfume embriagador de sueños, mitos y recuerdos –Tour de France, Tour d’enfance–, también. Pero si hay alguien, uno solo de sus cantores, que dibujó el contorno épico de este rito homérico, fue él. El ilustre ocupante del vehículo 101.

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