Cuando este jueves un aguerrido fugado o alguno de los favoritos de esta edición del Tour alce los brazos en la meta de Alpe d’Huez, a 1.850 metros de altura, se convertirá en el trigésimo primer ciclista en hacerlo. La primera vez que se subió a esta cima, en 1952, coincidió con una edición revolucionaria, la primera televisada. Además, la organización de la carrera francesa introdujo en aquel recorrido una novedad, tres llegadas en alto: el volcán del Puy de Dome, Sestriere —la estación de esquí de los Agnelli que ya tuvo la visita del Giro de Italia en 1911— y Alpe d’Huez. Tres lugares a los que nunca había llegado y que en poco tiempo se hicieron un hueco en la mitología del Tour al lado de los gigantes históricos, Izoard, Tourmalet, Galibier.

