El golf vuelve a casa. La historia de este deporte se respira en cada esquina de Saint Andrews, sede de un torneo para la eternidad. La 150ª edición del Open Británico no podía tener otro hogar que el icónico Old Course, el campo escocés sobre cuyas piedras se edificó el juego hace más de siglo y medio. Un paseo por Saint Andrews es un viaje en el tiempo. Las imponentes ruinas de su catedral y su castillo, la grandeza de su universidad y el aire medieval de sus calles y casas conducen al visitante a otra época. El campo vive en el corazón de esta ciudad de 16.000 habitantes bañada por el Mar del Norte, donde los mejores golfistas del planeta persiguen una gloria que no se cuenta con los ceros de los millones de la liga saudí. Hoy en el Open se habla de legado, historia, tradición. De Seve, de Nicklaus, de Tiger. Las estrellas están listas. Aunque esta vez la estrella es otra.
El mayor premio económico
La inflación también llega a Saint Andrews. En época de subasta en el golf, cuando la liga saudí paga fortunas por fichar a algunas estrellas mundiales, el Open Británico repartirá el mayor cheque de su historia: 14 millones de dólares en total, un 22% más que el curso pasado, y 2,5 millones para el ganador. El subidón, pese a todo, aún le deja como el grande más modesto. El último US Open entregó 3,15 millones al campeón y cada torneo de la liga saudí eleva el gordo hasta los cuatro.
La guerra se juega en el Open. La organización retiró la invitación a Greg Norman, consejero delegado de LIV Golf, para acudir a la cena de los campeones. Y Tiger Woods atizó al australiano por ir “contra los intereses del deporte”. Al otro lado de la trinchera, la liga saudí ha solicitado que sus torneos sean reconocidos oficialmente por el ranking mundial y que por lo tanto sus jugadores puedan obtener puntos al jugarlos.
La decisión es clave. Al no puntuar ahora disputando la nueva competición, los rebeldes van descendiendo posiciones en el ranking (Sergio García está en el puesto 68) y eso puede cerrarles las puertas para clasificarse para los cuatro grandes.

