La pista de Hayward Field, donde el fondista Steve Prefontaine —hoy mito omnipresente en Oregón, escultura en la calle y póster en la tienda— corría siempre en cabeza, salvaje, todo derroche y desobediencia de entrenadores tacticistas hasta que a los 24 años su coche volcó convirtiéndole en estrella fugaz, acoge desde mañana un Mundial de Atletismo de regreso a las esencias.

