Los aficionados reclaman épica, ataques lejanos. Que el líder que parece imbatible sufra. Que los ciclistas que están por detrás en la clasificación ataquen. Que haya desfallecimientos y emoción. Que el espectáculo dure horas, que encadene puertos, que les obliguen a levantarse del sillón.

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