Aunque hay quienes tratan de equipararlos a las empresas, los clubes de fútbol continúan siendo entidades casi paranormales en lo que a gestión se refiere. Una entidad pulcramente dirigida en lo económico puede ir al desastre en lo deportivo. Y viceversa. Un desvío de unos centímetros en la trayectoria del balón en la jugada decisiva -o en una que parecía intrascendente- puede costar millones de euros. Y luego está el manejo de las idiosincrasias de cada club, que se parece mucho a la comprensión de la regla del fuera de juego: se entiende principalmente por su repetición. Es complicado entender todos los matices de un club si no se han vivido desde dentro. La mejor forma -y casi la única- de comprenderlo es yendo cada domingo al estadio, formando parte de él.

