De salida Andy Murray, reenganchado a la causa del tenis pero ya muy lejos del gran Murray, el tenis británico se agarra con más ilusión que argumentos a las posibilidades de Cameron Norrie y el impulso pasajero de Emma Raducanu. Desde que se coronó en el US Open, en un viaje de extraordinaria juventud, ella no levanta cabeza en la pista –sí en lo comercial, llueven y llueven los contratos–, mientras él, proyecto de atleta y al final tenista, trata de abrirse paso en la planta noble del circuito aprovechando la indefinición de algunos de los inquilinos. Buen competidor Norrie, zurdo y guerrero, rival áspero. Un set le birló a Novak Djokovic y hasta ahí: se acabó la fiesta.

