Se reivindica Novak Djokovic, brazos abiertos en el centro de la pista. Viniéndole a decir al público de La Catedral: aquí estoy yo. Ya tiene el pase a las semifinales de Wimbledon en el bolsillo, pero ahí dentro hay un volcán que amenaza con escupir todo el magma. Ha colapsado, ha sufrido. Pero se ha levantado: 5-7, 2-6, 6-3, 6-2 y 6-2, tras 3h 35m. Ha remontado dos sets contra Jannik Sinner, rendido el joven italiano por el vértigo, y aun así no termina de termina de regalar una sonrisa sincera. Él, el tenista que controla como ninguno la zona límite de su deporte, siente la presión que ejerce la desventaja. Ganó Rafael Nadal en Melbourne y después en París, y el obsesivo sueño de ser el más laureado de todos los tiempos ha ganado interrogantes.

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TRAS LAS HUELLAS DE BORG, SAMPRAS Y FEDERER

En términos de larga distancia, Djokovic ha demostrado una fiabilidad a prueba de bombas en Londres. El serbio ha ganado 10 de los 11 partidos a cinco mangas que ha disputado en el grande británico, en el que aspira a dejar otra marca histórica.

Si el domingo gana el título, el balcánico encadenaría su cuarto Wimbledon y se convertiría en el cuarto jugador que lo consigue después de que lo hicieran el sueco Björn Borg (cinco de 1976 a 1980), el estadounidense Pete Sampras (de 1997 a 2000) y el suizo Roger Federer (2003-2007).

Se trataría, además, de la primera vez que enlaza cuatro premios de un mismo Grand Slam tras haber engarzado tres seguidos en Australia en dos ocasiones: de 2011 a 2013 y de 2019 a 2022.

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