En la era de la cerámica, el cristal o incluso el metacrilato y a la espera del trofeo eléctrico o híbrido enchufable (que todo se andará),<strong> es reconfortante ver cómo en los eventos míticos del deporte se sigue entregando un copón metálico tradicional, </strong>en este caso, la copa victoriana que premia al ganador del Gran Premio de Gran Bretaña. Carlos Sainz la recibió ayer, un ánfora dorada, bien cincelada a mano, con su peana llena de nombres legendarios y su consabida tapa con la figura que la corona. Muy<strong> parecida a la que se verá el próximo domingo en la ceremonia de Wilbledon. </strong>Una guinda apropiada a un magno evento y al esfuerzo de quien lo conquista, un recuerdo para toda la vida.

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