El pelotón desciende Jutlandia, de norte a sur, y los geólogos precisan que sí, que descienden es el verbo exacto, porque está más alto el norte que el sur de la península, formada con suelo prestado, sedimentos que los ríos escandinavos han ido depositando desde las tierras altas de Noruega y Suecia, y hace sol, y una brisa agradable, y es domingo, día de fiesta, la gente en el agua fría del Báltico antes de desayunar y en las cunetas al mediodía, y el pelotón se relaja, hasta se adormece, ocupa la carretera de lado a lado, y observando tal placidez, y el paseo triunfal de un solo danés en cabeza, Magnus Cort Nielsen, vestido con los lunares conseguidos por haber coronado el primero las seis cuestas puntuables de las etapas danesas, 362 metros de ascensión entre las seis, los inquietos se preguntan, pero de dónde salieron entonces los feroces vikingos, dónde están las nieblas y los misterios y los olores, si olvidados Andersen, Sorensen, Riis, Rasmussen, todos los ciclistas daneses de ahora tienen la cara limpia y mirada dulce de adolescente, como el Jonas Vingegaard al que todos alaban y proclaman único rival de Pogacar. ¿Dónde está la tragedia?, ¿salió todo del magín de Shakespeare?

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