Quizá porque lleva cuatro meses bregando contra un coche que no se adecua a su estilo y sí al de su compañero, <strong>Carlos Sainz no quiso estallar en efusividad</strong>. Ni levantarse encima del coche, ni agitar de brazos, ni apenas una sonrisa completa. Tanto fue así que <strong>tuvo que ser Nigel Mansell</strong>, expiloto de la Scuderia e invitado en el box de Ferrari en Silverstone, <strong>quien se atrevió a alzarle el brazo,</strong> al entregarle la rueda de Pirelli que premia al ganador de la pole en cada Gran Premio.

